Me he tomado unos días para escribir sobre el programa de Jordi Évole. No suelo verlo, pero dada la temática tenía un innegable interés en escuchar. Debo aclarar que por lo general no me gusta la actitud de La Sexta. Aquí se la ha llamado “La secta”. La gente de “El Terrat” me resulta graciosa, eso sí, pero en general no tienen gracia. Y de verdad que lo siento porque alguno es de mi pueblo.
El programa empieza mal, sacando a un friki que se hizo pasar por financiero amenazando al mundo y a continuación a una serie de políticos. ¿Cómo se puede generar tanta confusión desde el principio? Goldman Sachs gobierna el mundo, dice el friki, y ni siquiera se especifica que lo es. Soltamos lo mismo que un flipado que se puso delante de una cámara para decir gilipolleces y ganar algunos followers en Twitter, y nos quedamos tan panchos pensando que hemos contribuido a combatir la crisis.
El programa empezó con una interesante reflexión: ¿Mandan más los mercados o los políticos?
Pues hombre, en buena lógica eso debería depender de quién esté pagando las cosas. ¿Tiene sentido que manden más los políticos que le han pedido prestado el dinero a los mercados? Digo yo que si le dejo el dinero a alguien, tendré derecho a que me lo devuelvan. O quizá no, quizá puedo pedirlo como el señor Roures, o el señor Ruiz Mateos, hincharlo hasta donde me parezca, y luego culpar a los banqueros por habérmelo dejado. Lo curioso es que diferentes se ven el uno o el otro cuando escuchas la prédica de los creadores de eso que este fin de semana conocimos como “miedocracia”.
Lo más gracioso de todo esto es que quien ha pegado uno de los mayores pelotazos de los últimos años, troskista y amigo de Zapatero, el señor Roures, ha levantado su “imperio” gracias al crédito enloquecido. Gracias al crédito caprichoso, gracias a lo fáciles que pueden llegar a ser los mercados, existen cosas como Salvados o Público. Dice el señor Roures, partidario de un referéndum de autodeterminación en Catalunya, que él probablemente votaría por mantener la unión con el resto de España. ¿Probablemente qué narices significa? ¿Pero este tío, incapaz de responder con claridad a algo tan simple, es dueño de medios de comunicación? Pues sí que estamos salvados…
Es cierto que Draghi es una paradoja, y que debería haber gente de Goldman Sachs en la trena. Pero ni hablamos de la única paradoja, ni de la única forma de manipular el mundo.
Pero vayamos a lo que importa…
La reflexión sobre el botín cosechado por los especuladores con entidades financieras norteamericanas como Lehman o Bear Stearns resultó paradójica, considerando que los quebrados fueron exactamente esos: especuladores. Curioso. Supongo que a partir de esa comparación podemos entender mejor que se insinúe que luego saltaron el charco para venir aquí, a por los estados europeos. Como si no hubieran habitado entre nosotros desde siempre, ni pagado parte de la fiesta previa en busca -por supuesto- de su propio beneficio. Y es que resulta que cuando le dejas dinero a los estados no se te considera especulador sino mecenas.
Efectivamente, hay especuladores aprovechándose de los problemas que tenemos, pero los mercados son algo más que eso. Son entidades financieras de lo más tradicionales, gestoras de planes pensiones y fondos de inversión con los que intentamos completar nuestras pensiones, bancos esencialmente comerciales, aseguradoras…, somos usted y yo. Sin descifrar sus decisiones futuras poco podrían lograr los especuladores. ¿De verdad que ha sido para los especuladores un juego de niños? ¿De verdad que esto no sucedería si ellos no existiesen? ¿De verdad vamos a seguir condenando al buitre y al mensajero?
No estuvo nada mal comparar el mercado a una lonja de pescado, pero resultó gracioso ver a unos pocos hombres en ella¡ diciendo que entre ellos no hay acuerdos, que cada uno va a la suya, e inmediatamente afirmar que en un lugar donde concurren millones de voces, un mercado financiero, el acuerdo es casi total. Si no fuera absurdo, sería completamente demagógico. El señor que puja por el pescado, obviamente, se solidarizó con esa afirmación. ¡No faltaría más! Que mi mercado es más ético que el de esos financieros…
Luego se afirmaron cosas que no son ciertas, y si no lo son estas… ¿Por qué deberían serlo las demás? No es verdad que con el software que se mostró se pueda comprar y vender deuda de casi cualquier país desde el sofá de nuestras casas. ¡Ojalá! En realidad eso está muy limitado a los bonos más solventes del mundo. Afirmar que con 3.100 dólares de garantía tenemos 140.000 de capital, cierto, para después decir que tienes un crédito de 400 veces, cuando es sólo apalancamiento y en un grado muy inferior, refleja la exageración, el populismo, con el que se trató el tema. Así se fomenta el miedo. Y que conste que Josef Ajram me cae estupendamente y que le deseo lo mejor. Pero cuando se sube alto, aumentan las responsabilidades.
Luego llegó lo peor. Si confundir apalancamiento y crédito es grave, sugerir que el apalancamiento que permiten las entidades financieras sale del crédito que de otro modo sería destinado a familias y empresas resultó inaceptable. Es como si yo sostengo que el dinero que utiliza el Estado para construir carreteras se le drena a la gente que sufre hambre en África. Es normal que, cuando se manejan así los conceptos, se confunda a los hedge funds con los fondos de capital riesgo. Para habernos matado…
Sí estoy de acuerdo en algo que se dijo: los políticos deben hacer algo. Por ejemplo, no permitir que se intoxique la mente del que está al otro lado de la pantalla, con medias mentiras y verdades mal contadas, sin que te pase absolutamente nada por ello.
El salto que se produjo a continuación fue interesante. Después de culpar a los mercados, se quiso reflexionar sobre la actitud de los políticos. Pero de un modo tendencioso nuevamente, pues al final se les estaba exigiendo mano dura con los mercados. Nada de hacer tomar al pueblo conciencia de lo ocurrido, que va… Se trata de exigir a los mercados. ¿Pero cómo vas a exigir nada a quien te deja el dinero? Que lo intenten con los impuestos, a ver qué les pasa. No se trata de exigir sino de explicar y convencer.
Sólo en un momento se dijo algo realmente llamativo: los bancos le dejaron el dinero a quien no se le debía dejar. Fue Leopoldo Abadía. Ahora, los que no debían recibirlo, claman al cielo y culpan a los mercados porque se lo dejaron. ¿Pero cómo me lo dejásteis malvados? No hijo, no… ¿Para qué me lo pediste?. Respuesta, porque aquí somos tan inconscientes como vosotros.
Tengo una amiga que me debe una importante suma. Se la presté para que acabase sus estudios de decoración y tuviera posibilidades de encontrar empleo. También me pidió 3000 euros más por el camino, para operarse los pechos. Y mire no, una cosa es decorarse la mente, y otra el cuerpo. ¿Qué los mercados dan miedo? Miedo deberíamos darnos nosotros mismos.
El líder populista que puede arramblar con la democracia y nuestras libertades, del que se habla en algún momento, sólo es posible de la mano de mensajes que alienten la frustración, que alimenten con medias verdades las mentes de quienes no quieren darse cuenta de que ellos fueron los máximos responsables de sus pesares. Y sí, el otro día alguien hizo negocio en “La Sexta” con ello. Me gustó la expresión de Josep Borrell: “Europa se ve ahora como la madrastra y ya no como el hada, hemos pasado del carnaval a la cuaresma”. Pero algunos quieren seguir de fiesta hasta el día del juicio final… Y que la factura la pague otro.
Es cierto que hay gente que hace dinero por la toma de conciencia en la que anda el sistema; pero culparles de los actuales tiempos no nos va a salvar, ni evitará que el futuro sea distinto. Sí, hay que contener el poder del mercado, regularlo, poner firmes a los banqueros irresponsables, encarcelándolos si es necesario, pero también educar a la gente sobre dos cosas: deben ser capaces de hacer frente a su modus vivendi en todo tipo de circunstancias, y deben diferenciar de una vez por todas entre políticos y estadistas. Los primeros piensan en las siguientes elecciones y te dan crédito incluso aunque no lo merezcas, hasta que revientas. Los segundos piensan en las próximas generaciones. Y el problema es que la gente prefiere lo primero porque hacer uso del alma racional es mucho más duro que servirse de la irascibilidad o la concupiscencia.
Al final Borrell lo estropeó, diciendo que hubiera preferido empapelar a un banquero que a Lola Flores. No señor Borrell, hay que empapelar a quien se lo merezca, sin preferencias. Y sobre todo, hay que hacer las cosas cuando uno puede, y no conformarse con bonitos brindis al sol desde el exilio. Al final, otro ejemplo de buenismo político, de ese populismo del que quieren protegernos, de lo que nos ha llevado a esto, y de cómo la inercia de nuestros deseos en pro de una justicia fácil es superior a la fuerza de nuestras mentes para implantar una justicia posible.
Hoy he leído dos noticias que nos hablan de qué tenemos entre manos: sólo el 14% de los desempleados en el INEM hacen un curso de formación, y el 50% de los teléfonos móviles que se compran en España son smartphones. Siento que definen bien el paisaje en que nos encontramos, las inercias que han llevado a Occidente hasta donde se encuentra; porque esto es cosa general aunque aquí y en algún otro país mediterráneo alcance el grado de excelencia.
Esto lo arreglamos entre todos nos dijeron… ¿A quién narices piensan salvar así? Con el programa del otro día sólo se ha generado más frustración, más indignación, más fantasmas…, más miedo; pues la única forma de combatirlo es explicando la realidad como es. Satanizar a los mercados en lugar de acabar con los tópicos sobre éstos que dominan la calle, sólo sirve para mantener la distancia entre unos y otros; y por tanto para mantener el miedo que supuestamente queremos combatir. Claro que ahora que lo pienso, igual el miedo también aumenta la audiencia…